1.- PRESENTACIÓN:
Hoy toca colgar en el blog algo “diferente”, así que he de comenzar con una breve historia. A finales de los 70 apareció en Barcelona el Diario “El Periódico”. Compré algunos ejemplares y me gustaron, Comencé a comprarlo a diario y a los pocos meses de su creación, ya era el periódico que leía cada día. Un par de años más tarde, me suscribí al Diario, con lo cual, además de tener algunas ventajas en las visitas a su web, lo adquiría a un precio reducido.
Recuerdo muy bien uno de los colaboradores del Diario que más me gustaban, concretamente, Joan Barril. Además de leer sus artículos, con frecuencia tuve ocasión de verle en varias de sus colaboraciones en televisión, que me gustaron mucho. Pues bien; en Enero del 2005, a raíz de un artículo que le publicó El Periódico, titulado “Una estación que vibra”, en el que Joan contaba cosas de trenes y de estaciones, se me ocurrió enviarle una carta, en la cual quise hacerle llegar mi admiración por sus artículos en el Diario y sus colaboraciones en Televisión, y aproveché la ocasión para enviarle el relato “La última parada –Memorias de un reloj”, que había escrito hacía años, y que fue uno de los ganadores del concurso que organizó la Editorial salmantina Hera Ediciones, un escrito que posteriormente me publicó en su web el Ayuntamiento de Palencia, y el Diario Palentino también. El relato lo publiqué en mi blog el 20 de Septiembre de 2014, pero si no lo habéis leído, os será más fácil acceder a la web de Palencia, en la que me lo publicaron hace años: http://bit.ly/1sI5z56
Tiempo más tarde, cuando había llegado a dudar de que hubiese recibido la carta, me llevé una enorme sorpresa, cuando recibí un e-mail suyo de respuesta, en el que me hacía llegar una serie de reflexiones que me dejaron realmente “tocado”, y que guardo con mucho cariño.
Desgraciadamente, en Diciembre del 2014 recibí la noticia de su fallecimiento, a los 62 años, pero guardo muchos recuerdos de sus intervenciones y de sus artículos. Fue sin duda un escritor emblemático.
Así que toca colgar en el blog ambas cosas: mi carta… y su respuesta.
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2.- Carta de Juan M. Macho a Joan Barril -20 de Enero de 2005
Apreciado Joan Barril,
Inicio estas líneas lleno de dudas sobre la posibilidad real de que esta carta llegue a tus manos (me voy a permitir el tuteo…). He estado a punto de intentarlo vía e-mail, pero me ha parecido mejor hacerlo así, “a la antigua”… En el caso de que finalmente llegue, la duda es si la leerás… Bueno; creo que ha valido la pena intentarlo… ¡Vamos allá!
Soy un lector de El Periódico desde su fundación, compro cada día la edición impresa, y, tanto en el trabajo como en casa, su web es mi página de inicio en mi navegador de Internet.
Por aquellas cosas de la vida, siempre empiezo a leer los diarios por la última página y, en el caso de El Periódico, eso significa que tu artículo es lo primero que leo cada día, en el autobús camino del trabajo. Y tengo que decir que casi todos me han ‘tocado’ y han provocado en mí muchos, muchísimos sentimientos… Sí, lo reconozco; soy un admirador tuyo, sé de tus escritos, de tus colaboraciones con mi tocayo Juan Manuel Serrat, y puntualmente, he visto unas cuantas de tus entrevistas en TV.
En el pasado, he escrito a El Periódico varias cartas del lector, por temas varios, y algunas de ellas fueron publicadas en su momento. Hubo una, sí, que no me publicaron, a raíz de la muerte del admirado M. Vázquez Montalbán.
Si has llegado hasta aquí en la lectura, seguro que te estarás preguntando: “¿Qué demonios querrá este tío?”… Allá voy, amigo Joan.
Tu artículo de hoy, jueves titulado “Una estación que vibra” sobre estaciones y trenes me ha tocado… Sí, lo reconozco; me hubiese encantado haberlo escrito yo… Resulta que me gusta escribir… y soy un enamorado de las estaciones y los trenes… Hace años, concretamente en 1998, escribí un modesto relato al que titulé ‘La Ultima Parada (Memorias de un Reloj)”, que te adjunto, simplemente para que lo leas si te apetece….
Verás que lo que hago en ese modesto escrito es eso; hablar de trenes, de estaciones, y de unos personajes entrañables (todos ellos reales, salvo la pequeña licencia que me permití en el caso de Agapito, el relojero…) Sí, lo confieso: además es autobiográfico: Juan Carlos soy yo, Mercedes es mi mujer…. Y Alejandro era – sí, desgraciadamente he de emplear un tiempo verbal pasado, puesto que murió hace dos años…- mi padre.
Bien; el objeto de estas líneas no es pedirte nada; es simplemente hacerte llegar el testimonio de mi admiración por tu trabajo de periodista y escritor, y aprovechar la ocasión para hacerte llegar este escrito, sin ninguna otra pretensión.
Si tienes tiempo y ganas de hacerme llegar tus comentarios, (y críticas, si llega el caso, naturalmente), me encantaría recibirlos. Y si no, pues nada; seguiré leyendo tus artículos cada día y, de vez en cuando enviando alguna ‘carta del lector’, asumiendo el riesgo de que no la publiquen, naturalmente… A este respecto, te contaré que una de las que me publicaron, hará un par de años o tres, creo recordar que se titulaba algo así como ‘¿Nos escucha, Señor Aznar?’, criticando a nuestro expresidente por el envío de tropas a Irak contra la opinión abrumadoramente mayoritaria de los españoles, ha tenido, años más tarde un ‘epílogo’ curioso y lamentable: Hace un par de meses recibí una carta en mi domicilio, evidentemente anónima en la que un impresentable me decía que ‘…naturalmente que nos escucha, hijo de p…., tú qué te has creído … ‘ y seguía una sarta de insultos increíble… En fin, hay gente para todo… Naturalmente, hice trizas la carta sin más, con un sentimiento de compasión, porque sinceramente no creo que el remitente fuese merecedor de otra cosa…
Nada más, amigo Joan.
Recibe un cordial saludo y el testimonio de mi admiración por tu trabajo.
Juan M. Macho
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3.- E-mail de Joan Barril a Juan M. Macho – 9 de Abril de 2005
Querido Juan Manuel:
Ante todo una pequeña referencia a Josep Carner, que en su libro “Les bonhomies” tiene un delicioso texto titulado “Cartes tocatardanes”. Se trata de una reflexión sobre las cartas que tardan en responderse. Carner ha recibido una carta de un amigo suyo de Ultramar y la lleva en el bolsillo durante meses. De vez en cuando la despliega y la lee. Es una carta que ha ido acumulando manchas de todos los fluidos: una gota de café, un desliz de carmín, tal vez una lágrima. Finalmente cuando la carta está a punto de deshacerse porque el papel no aguanta más tanto trajín, Carner se dispone a responder. Y a modo de excusa afirma que la demora no es debida a ningún tipo de pereza ni de desidia ni mucho menos de desprecio por su corresponsal. Más bien al contrario. Aquella carta que le había acompañado durante tanto tiempo necesitaba un estado de espíritu especial para ser respondida. La respuesta se estaba gestando en la mente de Carner y finalmente, llegado el día, el escritor procedía a su redacción final.
Hago mía esta excusa de Carner para agradecerte la cariñosa carta que recibí el dia 20 de enero de 2005. Precisamente ese día, 20 de enero, es el día de mi cumpleaños, con lo cual me pareció extraordinariamente simbólico el doble regalo de tu adhesión como lector de calidad y ese cuento precioso sobre el reloj castellano cerca del cual pasó tu infancia y tu juventud.
A mí también me gustaría escribirte a la antigua, pero no vamos a demorar el impulso de la respuesta, ya bastante aplazada, con problemas técnicos como el sobre, el sello y el buzón. Durante todos estos meses he tenido tu carta y tu cuento en el atril que está junto a mi lugar de trabajo. Por fortuna o por desgracia tengo un horario bastante apretado y, a la hora de ponerme a escribir, he experimentado la tragedia del escritor adormilado. Cuando la gente me pregunta por qué no escribo más les he de responder que por motivos de sueño. Si el escritor se duerme mientras está escribiendo, ¿qué no le va a suceder al lector de esa prosa hipnótica? Pero hoy es sábado y hay paz en los cuerpos y en las neuronas. Y quiero hacerte llegar simplemente el testimonio de la ilusión que significó tu carta y tu cuento. Para mí, Venta de Baños forma parte de los recuerdos infantiles de la geografía española. Se escribía en el encerado: “Venta de Baños”. Y a continuación: “nudo de comunicaciones”. En tu cuento aflora esa España ferroviaria que formaba una civilización peculiar. Con gente como tú y como tu padre no es de extrañar que aún hoy la gente de los campos levante la mano al pasar un tren y le salude como si se tratara de la alegría que pasa.
De verdad. Son lectores como tú los que convierten esta profesión de contar las cosas en un verdadero privilegio. Gracias por la lectura y por la amistad purísima de los desconocidos que vibran con el mismo texto.
Un abrazo para ti y naturalmente para Mercedes.
Joan Barril